Viajar

Viajar es un problema gravísimo, realmente.
Comprar el aéreo es una gran decisión y cuando confirmás el pasaje se te pone la piel de gallina.
Elegir las fechas, los hoteles, las ciudades…todo es una responsabilidad. Armar los itinerarios, aprender como moverse en cada lugar, investigar qué cosas hay para ver en cada uno…
Son meses y meses de charlas monotemáticas, de acostarse a cualquier hora porque sin darte cuenta se te hicieron las 3 de la mañana buscando la mejor manera de llegar de una ciudad a la otra, porque te quedaste viendo documentales para entender mejor lo que vas a ver en vivo y en directo, o investigando tutoriales sobre como usar la maquina de tickets para tomarte un tram.
Viajar por mucho tiempo genera mucho miedo. Un mes entero de estar fuera de casa, conseguir a alguien de confianza que la cuide, que cuide a tus mascotas, tus plantas. Bloquear tu vida durante treinta y pico de días y organizarte para que nadie dependa de tu presencia en ese lapso de tiempo.
Irte tanto tiempo te hace sentir pánico de perder trabajos importantes, o de volver y no tener nuevas reservas.
Viajar es un problema enorme porque te vas y todos los días descubrís cosas que hacen que quieras vivir en cada ciudad que pisás. “Acá me quedaría unos meses, allá un par de años, pero en tal ciudad viviría para siempre”.
Viajar es terrible y volver es peor. Los últimos días ya tenés ganas de volver, extrañás tu casa, tu gente, querés tu almohada y que nadie te hable en inglés. Pero al volver querés seguir de viaje, buscás cualquier excusa para dejar lo que estás haciendo y ponerte a ver fotos, promociones de pasajes, o abrís el mapa para tratar de recordar el nombre de ese bar tan raro al que caíste de casualidad y jamas miraste como se llamaba (pero que rico Gin Tonic hacían…).
Viajar por mucho tiempo te hace entender que nada es tan terrible como pensabas. Que no sos imprescindible. Que la vida sigue con o sin vos (como decían los Beatles). Que los miedos se transforman en nuevas oportunidades. Que las puertas que pensaste que se cerraban con tu ausencia dan paso a que se abran otras nuevas a tu regreso. Y que el universo siempre se va a encargar de que las cosas sucedan y se acomoden como deben.
Pero por sobre todas las cosas, viajar es un problema enorme porque al regresar a casa te das cuenta de que en realidad el pasaje era solo de ida, y que tu cabeza nunca va a volver a estar 100% acá.

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